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Un pensamiento

https://www.youtube.com/watch?v=k7BU1YIa-Fs

Hace poco ví un video de Aldous Huxley . Es el que les dejo en el link para que miren. Hay un libro de él que se llama un mundo feliz que tengo en mente leer.

Lo que me sorprendió del video y del atentado en Barcelona hoy no tiene tanto que ver con la impresión de ver personas heridas por otras, o el operativo policial tan empaquetado para hacer las mímicas del control, con sus helicópteros y ambulancias llenando el aire. Creo que hay un problema más incisivo en la mente humana. Es la espectacularización que hechos como este nos permiten ejercer en nosotros y en los demás. La bronca y la culpa las vivimos de golpe y abrumados, como alguien que pierde en un juego en el que sabía que hacía trampa.

La hipnosis se interrumpe, nos incomoda. Nos hace tener rabia de la rabia misma que sentimos, porque en un punto nos sabemos responsables silenciosos. La queja siempre será una queja y nada más.

Podría ser que cuando más nos acercamos a la muerte es cuando más valoramos la vida. Que no sabemos como incorporar el sufrimiento como una parte esencial nuestra, y nos raspa el ego el no poder evitar que se exprese cuando quiera y donde quiera sin nuestro consentimiento. Lo de ayer es una forma concreta de lo que el humano tiene adentro, y duele, molesta verlo y sentirlo, porque todo nuestro accionar consciente nos expulsa hacia la creencia casi histérica de que las cosas tienen que estar bien en todos los niveles de nuestra vida, para de alguna forma rendir mejor culto a lo que artificialmente creamos como la forma de vivir bien en sociedad. Podría ser también la búsqueda obsesiva por tener un equilibrio que nos mantenga vivos y hablando.

No creo que la vida productiva sea menos importante. Crear es lo que nos hace humanos, y crear en colaboración, pero la colaboración nunca va a ser ni cercanamente genuina si cada uno no entiende lo que es colaborar con uno mismo. Nos dieron herramientas para sobrevivir en un desierto y nos tiraron al mar.

Me di cuenta de esto cuando estaba mirando el atentado en vivo a través de Instagram. Instagram es la red social a la que todos rendimos culto hoy, como si nuestras oraciones fueran dirigidas a nosotros mismos, a nuestra proyección (bien empaquetada) de nosotros en la vida virtual. Esta proyección está contaminada por nuestra también forma obsesiva de modelar la percepción de uno en la mente del otro, y obtener la gratificación que viene de ahí. Prácticamente seguimos siendo niños. Porque es cierto que es más cómodo evitar todo lo que tiene que ver con asociarnos a nosotros mismos con lo ominpotente. Preferimos construir nuestro propio dios a nuestro propio confort, y entonces poder dejar algunos compromisos emocionales fuera de nuestra esfera.

Tanto revuelo emocional por el atentado me hizo querer pasar a otra cosa, a distraerme con algo que fuera distinto, porque ya había almacenado la información pura y seca de emoción, la que funciona para saber si yo también corro peligro o no, para sentirme involucrado a un nivel y que también forme parte de las filas de mis temas de interés como ciudadano. Es cuando se empezó a abrir el cuerpo que me empecé a preocupar.

Nos alejamos de la tierra en bastantes sentidos, y nos crearon un parque de luces y sombras que manejan algunos. La indicación es jugar un juego, creyendo que las únicas posibilidades de acudir a algo es hablando de ello, virtualmente y solo por un tiempo. La fuerza física, el desafío, todo eso quedó de lado. Nos trastocaron muy profundamente el sentimiento de uno mismo con uno mismo, y el poder individual que existe. El organismo debería reconocerse para poder actuar, a un nivel alcanzable para uno, sin volver a caer en el facilismo de convencernos de que dejar salir la empatía es irse caminando a África.

En cierto punto, es el ego el que nos impulsa hacia delante, y no creo que esté mal. Ahora se entiende al ego como un enemigo del humano moderno, como si fuera un ítem que el humano tiene que perder o ganar, recibiendo de nuevo la gratificación o el castigo por alguna de ellas. Nos resulta a veces muy fácil optar por los extremos cuando algo nos incomoda. Desde algún lado, es la posición de menor riesgo, y tal vez la mas inmadura. Es bueno o es malo. Es algo que me va a dar felicidad o me va a dar tristeza. Podemos creer que todo esto es solamente una superficie sin fondo, y pasar al siguiente tema, o volver a elegir muy fielmente los estímulos que nos van a volver a poner a salvo. La referencias internas casi no existen.

El heroísmo y la vida interior también son dogmas, aprendí hace poco, pero creo que son dogmas que nos ayudan a ver el dogma, y poder sacar la cabeza un poco afuera del agua. Si dios fuera internet no podríamos quejarnos. Pienso que tal vez pueda existir la alianza entre lo virtual y lo real.

No me parece mal la también caricaturizada forma de ayuda que es este o los miles de textos que se suben a la nube de lo que nunca va a tocar puerto, creo que es una pequeña y democrática forma de tener más en claro algún tema humano, y eso creo que ya es positivo.

No nos enseñaron que es lo que es importante de comunicar, ni la forma, por eso es que inundamos la web con contenido que parece más un manotazo de ahogado que una búsqueda de entendimiento. El caos alimenta el caos, y vuelve a darle el poder a quienes nos ordenan el caos, y nos lo ordenan en una línea del tiempo que se parece mucho a una película.

No se nos permite anclar en una sensación, sentirla propia, y desde ahí tal vez ser un mejor jugador. Desarrollar algunas herramientas propias que solo se pueden desarrollar con la experiencia propia. Nos contaron tanto la verdad que nos molesta para ver. Y no hay que olvidar que vamos al cine a experimentar otras vidas, a involucrarnos con la idea de que la voluntad individual es peligrosa pero que nos puede traer beneficios incluso de auto realización.

Estamos entrenados para poder entender determinadas cosas solo en un nivel fantástico e irrealizable. Desde la comodidad de un buen sillón de cine, haciéndonos cargo por dos horas del sentimiento que evoca ser un humano.

De alguna manera nos obligaron a ver los actos desinteresados y puros como actos sin interés, y desde una mecánica que se basa en la conquista del tiempo futuro de los recursos, no podíamos evitar tener que vigilarnos tanto entre nosotros. Esta conexión con lo primitivo del hombre esta peligrosamente separada. Es como si nuestro cerebro consciente estuviera conectado con el inconsciente por un embudo a cuentagotas. Nos acecha, y siempre nos va a acechar, porque todos sabemos bien que la gran mayoría de nuestros comportamientos no podríamos explicarlos ni siquiera nosotros, que creemos que somos dueños. Los vamos guardando todo lo que podemos, después los expulsamos con rabia, con medicamentos que reconfiguran el impulso hacia algo evidentemente más eficiente, más utilizable. Vamos al psicólogo, al cura, a un hermano, a cualquier persona, que finalmente no va a ser más que una expresión de nuestra falta de carácter para enfrentar algo. Con esto no quiero decir que la hermandad, la solidaridad, la empatía, no sean los pilares fundamentales del hombre. Es solo que nos separamos tanto de eso, que necesitamos despertar de una forma un dolorosa y antigua. La tecnología y el lenguaje son probablemente las dos invenciones mas disparadoras de la creatividad humana, y también nos hicieron sentir que algunos podíamos salir volando y otros no.

También estamos los católicos que nos esforzamos mucho en que creer que sentirse bien es sentirse mejor que el otro.

El problema puede ser que esté en que nadie quiere enfrentar eso que se llama moral, porque en realidad es como un agujero negro que llenamos con figuritas y fotos, y que ese empapelado publicitario sea como una espiral de manipulación y nos obligue a ser la pancarta de un pensamiento, una pancarta con un par de velas que compartimos en las redes.

Viendo en una pantalla el escenario de lo que podrías haber sentido si eso te pasara a vos, sintiendo una empatía al gusto de alguna empresa que nos conquistó la expresión personal.

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  • SantiagoDelSel SantiagoDelSel 24 Ago. 2017 12:03

    "Es como si nuestro cerebro consciente estuviera conectado con el inconsciente por un embudo a cuentagotas"... en el mejor de los casos!